lunes, 14 de febrero de 2011

EL MONSTRUO DE AGUAS CLARAS.

Su habitad son los montes,
aunque vive en la ciudad,
de unos ojos acuciosos,
azules, pero viscosos
y de gran profundidad.

Donde pisa deja huellas,
se confunde en la maleza,
impetuoso brinca y muerde,
no hay piedad para su presa.

Su cabeza es una concha,
su piel desteñida y blanca,
se baña de sangre humana
no importa color o raza;
si està durmiendo no ronca.

Se parece al tiburòn,
despierto mientras tù duermes,
hambriento como el leòn,
con desigual andanadas,
pues lleva unas garras caras
que traspasa continentes...

Su sed no tiene fronteras,
no importa suizo o haitiano,
lo conquista y no es en vano
cuando lo hinca de rodillas
y le advierte, de apostilla,
que es soldado americano...

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