martes, 24 de enero de 2012

JESÚS EN MI CORAZÓN...

`` Y se arrepintiò Jehovà de haber hecho hombre en la tierra, y le doliò en su corazòn. Y dijo Jehovà: Raerè de sobre la faz de la tierra a los hombres que he creado, desde el hombre hasta la bestia, y hasta el reptil y las aves del cielo, pues me arrepiento de haberlos hecho``. (Gènesis 5-6, V 6 y 7).

¿Còmo me ha de parecer?,
si no eras cabra,
cordero;
al pasar entre tus dedos,
que te hicieron fallecer,
enormes clavos de acero,
¿vinagre para beber?...

Jamás puedo comprender
por què soportaste el yugo,
y le diste de comer
a los que te vendieron luego;
te flagelaron ``a fuego``,
¿para salvar tus verdugos?...

Nunca he concebido al diestro
que preparase ``tu iglesia``,
que te quita la presteza
de ese ser con tantas luces,
te exhiben clavado en cruces
bendiciendo así su cetro.

Eres real por tu excelencia,
de improntas acrisoladas,
comprobadas por la ciencia
de manera inusitada...

¡Que malvada...!,
se imploró,
esa muerte innecesaria,
que comprobò lo precaria
de aquella bondad humana;
nos la pusieron bien agria,
pues hemos matado a Dios...

En tu nombre asesinaron
a millones de personas;
Las Cruzadas no fue broma
insertada en el rosario,
Legionarios a caballos,
y ``La Santa Inquisiciòn``,
llamaron mucha atenciòn,
los Caballeros Templarios...

No eres Cristo,
¡eres Jesús!,
ese Dios no religioso,
esa no fue tu actitud;
eres misterio y virtud,
un engendro milagroso.

¿Que te mataron ayer
para componer al hombre?,
jamás propongas volver
ante el verdugo maldito,
que con tu sangre y proscrito
multiplicó bien su maldad,
a nivel de que Jehovà
no contempla su perdón,
se olvidó de su piedad,
y arrepintió con frialdad
de su cruenta creación...

martes, 17 de enero de 2012

RAÌCES Y PERFILES DE LA OFICIALIDAD DEL SUR...

Caminaba con el cansancio solemne del viejo general satisfecho del deber cumplido, cabizbajo y nostàlgico de los tiempos en que la gloria olìa a hierro y pòlvora calientes. Caminaba trajeado, pero con un atavìo de honor, como calificara Màximo Gòmez los harapos sucios de la guerra que hizo suya, allà, en la mayor de las antillas. Caminaba de media gala, por el apuro, por esas vainas que tiene la sociedad de imponer atuendos a los notables.. Iba como ``Santiago``, uno de nuestros personajes de abajo, en mi pueblo Barahona, de levita y paraguas desgarrados, pero haciendo asomos disimulados de prestancia. O, como Macorix, con sombrero de henequen, de anchas alas, aunque a lo dominicano, que junto a las tachuelas que les daban sonido a sus botas, divulgaba sobrevivir a la oficialidad del sèquito lilisiano. Era el caminar de los que ya habìan cumplido con el deber glorioso de la refriega patria, en los tiempos en que el general Pablo ``Mamà`` (Ramìrez) se opuso a los aprestos de Hereaux, se acantonò en ``El Oreganal`` de Azua, sin que le sepa a nada el suicidio de Cesàreo Guillermo y Bastardo, acosado por esa fiera montuna. Cuando fue sitiado en lo que consideraba su fortaleza en Cambronal, Neiba, resultò reducido a ``carne de cañòn``, junto a sus acòlitos y familiares, incluyendo a Cantalicio, su hijo. El general Joaquìn Campos, oriundo de Cambronal, pudo llevar a cabo esa empresa, difìcil por demàs para toda soldadesca de la època, no conocedora del amargo ``palo de chivo``, de los escondrijos de higuanas y del canto de ``Las Barìas`` frente a esas cuevas lomeras, llenas de guazàbaras y cundeamor, que parecen hablar con eco en el silencio de la profundidad sureña.

Corrìa la contienda de los rojos y los azules, y otra encomienda peligrosa fue la de matar a ``Solito``, quien junto a ``Mandè``, mantuvieron en zozobra el Sur, bailador incansable este ùltimo, de expresiòn ritualizada, la que inspirò el folclor de nuestra bella Casandra Damiròn: ``Ya mataron a Mandè... ¡oh Dios mio, tù no ere juto...!, ¿còmo e posible que maten... còmo e posible que maten... a un hombre con tanto guto... Ay Mandè, Mandè, Mandè...!.

Las osadìas de las profundidades sureñas provocaron la saña de Lilìs, quien no era de esos lares, mas conocìa de la capacidad guerrera de personajes que, como los sureños, apagaban el fuego con sangre, lo que le costò la vida al general de prestigio Josè Dolores Matos, terrateniente que donò parte de sus tierras, junto con los Suero (de la descedencia de Luis Felipe Suero, responsable de ese apellido en Barahona), los Mota (cuyo representante fue el restaurador general Carlos Alberto Mota) y los Deñò (de la descendencia del general Alejandro Deñò, gobernador de Barahona para 1903, abuelo del coronel històrico Francisco A. Caamaño Deño, al ser el padre de su madre doña Nonìn Deñò), a la fundaciòn de Barahona. Ulises Hereaux probò de Matos su capacidad guerrera cuando le ordenò fusilar a un enemigo polìtico que, a decir del notable historiador Rufino Martìnez, pesaba mucho en su conciencia y terminò suicidandose luego de cumplir la incòmoda orden militar. La profundidad de ese Sur obligò al mulato, casi negro, general Pedro Florentino, nacido en Hincha, a bajar la guardia y su ìmpetu criminal despuès de incendiar a Banì y pasar por las armas a los blanquitos de allì, en franca alusiòn a los gajes pocos disimulados de una restauraciòn racial. Cuando Florentino conoce de frente al coronel Cabuya Fèliz, considerado una fiera indomable junto a su primo el general pelirrojo Angel Fèliz, màs por miedo que por patriota, como adujo, le ``perdonò`` la vida y lo tuvo entre sus hombres de confianza, pese a que Cabuya le habìa dado muerte al hijo del entonces despiadado general. Rafael Matos Cuevas (Falè), conocido restaurador barahonero y ya general para 1865 , muriò en avanzada edad en 1943, recordando con cierta reserva a los Fèliz, y relataba su experiencia de guerra cabalgando con Pedro Florentino, a quien calificò de romàntico y fanàtico por la causa, pero perdona vidas. Si Francisco Sànchez Del Rosario, de la trilogìa de nuestros padres de la Patria, no muestra por el Sur sus aprestos restauradores, quizàs fuera otra la historia, frente a un Pedro Santana que siempre recelò la gallardìa de ese espècimen de soldado de tierra àrida, sobre todo, los que combatieron al lado de su natural rival, el general Antonio Duvergè, de ascendencia francesa, dàndole el triunfo a la determinante batalla de Azua y el Memizo.

Allà, en el Sur, cuando ya comienza a tornarse profundo, llegando a ``Pedro Corto``, San Juan de la Maguana, una sola mujer fue capaz de aportar a la carrera de las armas a doce de sus hijos. Marìa Catalina Encarnaciòn (May Talina) y Juan Ogando Montero, hicieron ese aporte sureño a la independencia nacional, con hijos como el general Timoteo Ogando, el ``Centauro del Sur``, Vìctor y Victoriano Ogando, cuya ùnica derrota consistiò en ver la muerte de sus congèneres en los campos de batallas.

Gobernaba Rafael Trujillo, tambièn de corte sureña, y el amigo de marras caminaba con la muerte a cuesta, despejando los espectros de un pasado ya lejano, botando el golpe a su actitud cascarrabia cuando visitaba el Servicio de Inteligencia Militar (SIM), el Cuerpo de Ayudantes Militares y otras instancias de superioridad militar y no era recibido con los honores debidos, ``generales sin batalla, carajo...``, decìa el general cabraleño Josè Dolores Fèliz (Lolò Cabuya), hijo del legendario y aguerrido coronel Cabuya, quien seguìa caminando burlado por el olvido y la inclemencia de la historia...

viernes, 13 de enero de 2012

CAPSULAS DE MI MEMORIA (4).

Prolongar  las càpsulas de mi memoria sin hacer un paréntesis en el camino, serìa llover sobre mojado y negarse a la vida los dìas por venir. Recuerdo empero como los centros nocturnos de diversiòn eran lugares de esparcimiento sexual (Boite), cuando el fumador, en su afàn de brillar su vicio, era reprendido por los parroquianos por el encendido de un fòsforo. La universidad del Estado, en sus alrededores fue escenario de esa acciòn subcultural, y los estudiantes de años de esa casa de altos estudios se mofaban de los nuevos (011) y los invitaban de manera jocosa a incluir en el pensum de su carrera, Gramita I y Gramita II, en alusiòn a las pràcticas de amores suscitados en las àreas verdes y oscuras del recinto acadèmico. Ese deterioro moral precedido por la muerte de Trujillo, estimulada esta en procura de un proceso de democracia,   trae consigo la proliferaciòn de universidades privadas como paliativo al desorden de la educaciòn superior pùblica, que le hicieron un flaco servicio al paìs, invistiendo con tìtulos de profesionales a miles de analfabetas que hoy y ayer ocupan y ocuparon importantes puestos en la administraciòn del Estado. La educaciòn dominicana se convirtiò en un gran negocio donde confluyen importantes empresas, de ganancias y comisiones de inversiòn privada, que no toman en cuenta la salud de la Patria a travès del llamado pan de la enseñanza. Las instancias pùblicas que tienen que ver con la actividad empresarial, la industria y el desarrollo colectivos, donde recuerdo haber laborado en una etapa crìtica de la polìtica vernàcula, muerto Trujillo y transcurrida la guerra por el reparo de la constitucionalidad, era y es un antro de tràfico de influencias en la aplicaciòn de las polìticas pùblicas, que incluye control del gasto, de los precios, de la clasificaciòn industrial y el libre comercio, desde ayer, y el acomodamiento de la globalizaciòn en favor de los Estados Unidos, hoy.


La hipocresía en la lucha contra el narcotràfico, ha permitido superar con creces las muertes de la guerra fria y de otras guerras tambièn de la autorìa de esa naciòn gendarme. Es preciso dentro de esa empresa tener vencidos y vencedores para mantener el riesgo de sus acciones, pues mientras màs riesgos, màs se encarece el producto, ademàs que  suponemos quienes son los vencedores. Nuestro ministerio de interior y policìa, hoy, es una marioneta burocràtica de polìtica dependiente que no controla una gobernaciòn, mucho menos una policìa nacional fuera de control, aunque no como instituciòn, al servicio de los intereses màs oscuros del capitalismo contemporàneo.


El Servicio de Inteligencia Militar (SIM) sirviò a los intereses de Trujillo porque èste se considerò el Estado, y, bajo esa tesitura y la que existe en las naciones civilizadas que se refieren a estamentos militares que velan por la seguridad nacional, se quiso dar seguimiento institucional a un organismo que hoy, mas que al Estado como estandarte legal, le ofrece informaciones a los partidos polìticos, manejado por entelequias de individuos de poco perfil militar.


¿Què puedo decir de alguna instituciòn propiamente dicha que estè acorde con los principios para la cual fue creada?. Serìa exiguo y no mezquino hacer una que otra excepciòn, que las hay, por ser el Estado, dueño de las instituciones y del gobierno, un ente tan primordial en la vida civilizada y republicana, que no permite manejarse con tenues luces.


Joaquìn Balaguer, con su estilo, entreguista por coyuntura, patriota literal y muchas veces empìrico, narigoneado por los vientos que de la guerra contra el comunismo le impuso norteamèrica, pero finalmente por su olfato polìtico, erudito, gran tribuno, entre otros adornos, con sus luces y sombras, le hizo un gran aporte al pueblo dominicano y su historia.


De don Antonio Guzmàn Fernàndez, recuerdo su hombrìa de bien, su eficiente agricultura, tambièn su fisura, cuando en una embarcaciòn celebraba con tragos junto a su escolta. Sus improntas unidas a un recio caràcter del que no pudo desligar la influencia gringa para poder desarticular la maquinaria de poder de un balaguerismo enraizado y un trujillismo trasnochado, mas su implìcita sencillez, lo divorciaron acremente de los gajes asociados al protocolo estatal. El protocolo, como figura de Estado, es un fenòmeno ancestral y tribal que, de manera expresa y natural, crea las condiciones de orden, respeto e institucionalidad.


En ese sentido, recuerdo cuando en los primeros dìas del gobierno de Salvador Jorge Blanco, èste se detuvo en uno de los puestos de peajes, junto a su escolta, y se hizo filmar pagando el tributo de acceso a las carreteras, que en otros tiempos estaba exonerado a toda autoridad estatal, incluyendo a todos los oficiales de las FF.AA. y la P.N.. Un ejemplo dado por ese presidente de turno, que no llenò de satisfacciòn la idiosincrasia del dominicano, apegado desde sus simientes a las expresiones de dominio y control de parte de sus gobernantes, sobre todo, que tal gesto, mas que una medida entronizada, desde donde gobierna el rey, estaba dotada de histrionismo y una acciòn propagandìstica de polìtica y perenne demagogia. Con esa acciòn, junto a otra que posteriormente se conociò, cuando en compañia del director de Inespre de entonces, fugado luego, y del Ministro de las FF.AA., recientemente fallecido, abordaron un colmadito en Capotillo, para enterarse personalmente de los precios, y se les vio comer pan en papel de traza y refresco rojo directamente de la botella, dejò un claro mensaje a toda la naciòn, principalmente a profesionales y ciudadanos con capacidad de discernir sin mucho anàlisis, de un gobierno fracasado y de una sociedad que marcaba el principio del fin de sus pilares organizacionales.


En el interregno de don Antonio y Salvador, nos gobernò por cuarentitres (43) dìas el licenciado Jacobo Majluta Azar, al que la providencia no le permitiò prolongar màs allà sus poses de hombre bonachòn, jovial, pràctico y de fumador a ultranza, caracterìstica por la que cambiò su salud.


Cuando Balaguer retorna al poder en 1986 hasta 1996, nunca se apartò de los principios que le dieron origen a nuestra independencia, siendo visible, y al estar en la postrimerìa de su fructìfera vida, que supo evadir a los Estados Unidos, gobernò de forma màs frugal cuando ya no pensaba en ``la raciòn del boa`` a la que hizo alusiòn en sus primeros doce años, cuando se hablaba del surgimiento de trescientos (300) nuevos ricos, siguiò construyendo con recursos propios, llevaba personalmente las cuentas econòmicas de la naciòn con un cuadernito en sus manos, saneando el curso de nuestra moneda, estabilizando su valor intrìnseco y reanudando el protocolo del pago de la deuda externa. Como la serpiente ``domesticada`` no dejò entre veces de esparcir veneno en terreno donde se sintiò herido, y, permitiò una que otras improntas de anarquìas en procura de, a sus años, limpiar algo de su imagen de larga y tormentosa vida polìtica...


Llegado al poder Hipòlito Mejìa, hombre de caràcter desenfadado, aunque aparentemente vertical y apegado al dominicanismo, ya el pueblo dominicano se sentìa amañado de la intelectualidad en el Estado, de hombres de fortaleza de mando que, como Trujillo, se hizo codear de los intelectuales màs connotados del paìs, y, como Balaguer, dueño de las dos condiciones, culto, visionario y con don de mando, diestro para gobernar en cualquier condiciòn social, con aspecto de dèspota ilustrado.


El pueblo piensa entonces que, muerto Balaguer, el doctor Leonel Fernàndez, es quien estarìa destinado a gobernarnos por su capacidad acadèmica. Con el advenimiento de este indiscutible erudito, no me explico por què me siento caminar por senderos espinosos, donde se pierde mi orientaciòn y capacidad de asombro entre los escombros dejados por la corrupciòn, el crimen organizado y de tantos desaciertos de inseguridad que pecan por su repeticiòn en esta entrega. Inseguro camino entre malezas buscando los remilgos de la historia, me interno involuntariamente en la montonera y salgo por grutas de filosas piedras hacia una civilizaciòn de espanto y, sigo caminando, camino...