lunes, 13 de abril de 2020

AUSENCIAS QUE AHONDAN EL DOLOR...

No se justifica ni se compadece tu ausencia, madre del alma, cuando te sueño en aciagos días mantenerte en vilo ante mi cama-cuna; aún percibo el ungüento caliente en mi pecho, tu susurro de oraciones, hermosísimas canciones en tono bajo, en lo que arropabas una fiebre que era preciso sudar; cómo no he de recordar ese amor de corazones que hoy lloran y se anteponen a una crisis singular...

Entre el frío inusitado y una llovizna intempestiva, me siento tal cual leoncillo en busca de la madre perdida; no, no me digas que el abrazo hoy se extiende a largo plazo y que me acortas la vida; ya me rebozan los besos, entre llantos, al no poder abrazar, mis niet@s, hij@s de mi corazón, amig@s, herman@s; bien ya sabía de antemanos del castigo literal; ¿Y mi novia?, la de antaño, la que al correr de los años jamás he vuelto a encontrar; ¡oh mujer de mis ensueños!, háblame de tus misterios y este amor tan otoñal; impídele al pesimismo no conducirnos al abismo de un cariño sepulcral; recreando aquellos besos, mutación de caracoles, que con tus ojos de soles se iluminaba el cerezo...

lunes, 6 de abril de 2020

LOS PANTALONES DE DIOS...

Precisamente mis recuerdos coinciden, en que hoy, adentrada la segunda década del siglo pasado, nace mi progenitor. Eran los tiempos en que la cotidianidad laboral imponía al hombre vestir de crema o caqui; los casos fortuitos no excluían la llamada ´´Peste´´, empecinada sobre todo con las gallinas y otras aves; el ´´Cacedó´´, y el ´´Dandí´´, la ´´Triquina´´, común en los cerdos; la ´´Brucelosis´´ o tuberculosis en el ganado, cuando aún la ciencia no había logrado esas ´´panaceas´´ de vacunas que envenenan al ser humano debido a la super producción y alto consumo;

Considerados casos fortuitos, aunque para el suscrito son de fuerza mayor, ya que todo es previsible y hay que estar preparados; al igual que los huracanes, los casos anteriores nos llenaban de miedo y expectativas de mal agüero. ´´POR AQUÍ PASÓ LA PESTE´´, se leían los letreros en casas solariegas, plasmados por incautos y bondadosos vecinos; todo ello aduciendo a la creencia popular de que el mal, al leerlos, seguiría su marcha a otros lares...

¡Llegó mi abuelo!, también mi padre y tíos mayores hacen presencia en el rancho; mi abrazo pueril, alcanzado de sus rodillas hacia abajo, llenaban de esperanzas nuestros sentimientos contritos; se percibía el almidón, olor a plancha a carbón y a cuaba; cierta sensación de cura mientras me correspondían con removerme el cabello con cariño; a una, observo a mi madre atizar el fogón para sellar un encuentro sutil de amor y buenos augurios;

¡Hace tiempo que no están!, mas, se cierne DIOS en mis pensamientos, a quien por su enorme altura tampoco observo su rostro, pero cuan agarrado estoy de sus pantalones...

sábado, 4 de abril de 2020

¡PASARÁ!, ¡PASARÁ!, ¡PASARÁ!...

Como todo en la vida, esperando que pases, monstruo de maldad, dentro de los límites que Dios te imponga; no dejes lágrimas ni perennes heridas que en escorrentías van y se pierden en el misterioso mar, en las yertas sombras; déjanos ver real, el castigo o el designio de Jehová; esa naturaleza que de acuerdo a nuestros tentáculos gira; acopio hagamos, sanos, sin necesidad de oráculo para contener su ira...

¡Detente ya!, con toda muerte que humilla, que Dios detendrá otras fuentes de infaustas mortalidades, pues desde tiempos seculares, miles mueren por maldades, hambre, inauditas guerras, esas que al mundo marchitan entre las desigualdades...

¡Dios, con nosotros!.