lunes, 25 de febrero de 2019

VOCES DEL PUERTO... (Cápsulas II).

El puerto, finalmente, te enseña la frontera en sus masas enormes de agua, lujoso yate con piraguas donde la despediste con su glamour y fascinación, bella; sonidos que los cantos de sirenas hacen alegóricos, imágenes de enormes rostros de misterios, dioses, también imaginarios, en los nubarrones crepusculares manchados de sol, galeones perdidos y encontrados sus restos entre óxido y arena, cayos que esconden las penas de amores que deslumbrados miraban las estrellas; y despiertas, por el ruido estruendoso de las rampas, roces de hierro de contenedores de infaustas mercaderías, porfías, peligros a la deriva, músculos sudorosos que halan gruesas cadenas que te arrastran la vida...

VOCES DEL PUERTO... (Cápsulas).

Se perdían las esperanzas cuando, ya camino a la casa, las navieras nos anunciaban la pronta llegada de los barcos azucareros, aquellos que hacían filas, y, por turno, entraban al ´´Chorro´´, unas instalaciones de antaño que, a través de cañerías, recibían del Ingenio el ´´oro dulce´´, esa azúcar parda, caliente aún, que se veía caer bella y cremosa en un depósito del cual era agitada por obreros del sindicato hacia el conducto del ´´Chorro´´, cayendo a granel en la cubierta del barco, donde decenas de obreros a bordo llenaban como máquinas humanas miles de sacos de cabuya y henequén en procesos interminables, pues cansados y con la pesadez de una noche con pisos y rincones húmedos de melaza y sudor, entre recostados y empalagados del dulce, percibían las luces intermitentes de las embarcaciones en esperas; ellas atormentaban su espíritu y no recordaban la quietud de la parte sana de la sociedad que no explota para importar ni para exportar.

Se crecía el ritual infernal cuando ya, en la luz del alba, se regodeaban los remolcadores como en cortejos de palomas y llevaban a los atracaderos a las naves de poses señoriales. Aturdidos despertaban de una realidad espantosa, nauseabundos, mientras en fila india esperaban pacientemente ser servidos del café en jarro que tempranito preparaba la morena, quien lo endulzaba con el polvo granulado y terroso, que recogía de las lonas azotadas por el viento...

LA PASIÓN COLONIAL DE LOS TIEMPOS...

En la esquina entre las calles El Conde y la Meriño se conjuga la vida. Antes, la tertulia de cafetería, donde bastaba el café con leche y con esfuerzo un trago corto de licor. La intelectualidad de esos tiempos quedó plasmada en escasos retratos y fotos que se tornan imborrables con los años. Hoy, allí, y en el paso del Conde de Peñalba, don Belarminio Gutierrez Meneses Bracamonte y Zapata, enviado por el rey Felipe II de España ante los aprestos del pirata inglés Francis Drake, quien saqueó la ciudad de Santo Domingo, caminan partiendo de la tumba de Duarte, como carnavales de hechizos, hermosuras humanas, desde un turista enloquecido por no morir de espanto e ignorancia, en su mayoría octogenarios y nonagenarios, y la simbiosis racial causante de grandes males; parecen disfraces los gestos, lucen lindas, hermosas, los reflejos de bellezas europeas y sus finuras talantes cromadas, latinas que exacerban el morbo de las pasiones, afroantillanas que de muertos hacen engendros...

sábado, 9 de febrero de 2019

MAS, EL AMOR ES ESPERANZA...

´´ES INÚTIL VOLVER SOBRE LO QUE HA SIDO Y YA NO ES´´. (Frédérik Chopin).

Sin embargo, el latir de
un corazón que invoca,
atraviesa los confines
de sus raíces;
tambores de guerra que
en sus matices cruzan
mares,
misterios que tocan las
puertas de tu distancia,
con ansias,
entre recuerdos dulces,
pesares,
y un olfato que aún guarda
tu fragancia;

¡Utopía!,
palpitaciones en los tropiezos
rancios del camino,
nos señalan el destino
con abrazos, besos y desatinos;
bajo estrellas y luna llena
celebran que ya volviste,
que finalmente eres mía...

domingo, 3 de febrero de 2019

NO HAY RETROCESO...

Cabizbajo, como si lamentase que la vida se le escapaba como agua entre los dedos; era hombre de disfrutar cada día, momento, y, más allá, sacar la parte dulce del vino y la cerveza. Pero parecía ignorar que no caminaba solo en el festín de la vida, que cada hora y tiempo transcurridos les sumaba y les restaba a los que con él compartían; y se estrecha el cerco de la vida y el tambor y las notas lloronas del acordeón se sentían más lejos, como aquello de que ´´se rompió la taza, cada uno a su casa´´, porque las tabernas lucían solas por la ausencia de caras conocidas, las generaciones galopaban en caballos briosos y con nuevas brisas; la música no es la misma, la imaginamos en el río, allá, entre las comarcas alocadas y casitas arrebujadas entre lomas y flores; entonces camina, reincorpora y se conforma al saber que nada retrocede y que recordar también es vivir...