martes, 29 de diciembre de 2015

¡Y LAS NOCHES ERAN DORADAS...!.

Allá, en mi natal Barahona, donde el cacique bravío dejó su impronta rebelde, se inclinaban reverentes sus ranchos y sus bohìos; llegó la avenida de luces exóticas a la cabecera del arco de triunfo que nos simboliza y alcanzaba los confines de una Villa Estela dueña de tus recuerdos, acordes, con los techos grises, con tus ojos soles. ¡Cómo se cruzaban nuestras jóvenes miradas!, parecía que entre el mercurio fluorescente marchásemos al ritmo del latido de dos corazones que se amaron, se quedaron amarrados de un recuerdo lustral, tus manos ensortijadas, boca de rosa roja, como capullo que abre un rayo del candente sol sureño, te perdí, pero te tengo en mis sueños; mujer de un hablar cantado y de risa de cascada, te disfruto hasta en la sombra de esta amenaza otoñal; jamás, en mi serpentear eterno y mi pensamiento en cierne, he podido tropezar con tu sin igual gracia, renegada...

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