Sucedió en la madrugada del 8 de abril de 2025, cuando los misterios del mal parece lograron apagar de golpe y porrazo la utopía del poeta, así como la algarabía del bohemio soñador, como de aquellos que, al cantarle al amor, bailamos bajo la luz de la luna, escuchando literalmente clásicos con la fortuna del alma y no los rugidos insistentes del poderoso león.
Se impuso don dinero y su maquinaria infernal; nos convertimos en payasos arrastrados por los circos de siniestro carnaval; se apaga la musa hermosa, no retoña ya la rosa, ni noches que por oscuras, no se escuchará el cantar.
Cientos murieron aplastados, allá, en el Jet Set de la capital. No hay consuelo entre lluvia y tempestad, ni razones que en las noches mitiguen nuestros desvelos; sólo oremos, corazones, hasta que cese el llorar...
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