Porque existen hábitats donde la claridad se esconde; llamamos a Dios, no responde, por el follaje renegrido de un silencio que parece tener ruidos y aves que hacen sus nidos, discretas, asustadizas de hecatombe.
Hay ciertas lomas empinadas y escarpadas donde el rayo llega solo, sin lluvias y sin tronadas.
A veces, ni el gallo canta con fuerza, mas, el misterio de las jaurías nos ocultan las estrellas; el lucero, allá en el cielo, no nos ofrece el anhelo, de caminar, seguir ligeros y cantar con alegría.
Luces tenues nos señalan santerías en ranchos desvencijados, la voz muda, el pecado, frente a las cuevas siniestras, donde guardamos la afrenta de salir por algún lado.
¡Oh naturaleza cruel! Que vuelves al hombre pasado; cavernas y simientes que se han quedado, no importa, el discurrir de los años.
¡Cuidado! Esas misas negras, los holocaustos malvados.
¡Cuidado! Dice el perro en sus ladridos, que ahí anda el lobo en asecho; dimensión que no ha partido...
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