miércoles, 16 de mayo de 2018

LABERINTO DE ESPINAS...

¡Cuanta vergüenza ajena!, pero, sobre todo, cuanto dolor ajeno que abre nuestros pechos, nos hiere y lacera, cada día y hora, en el discurrir de lo que queda de una vida cada vez más inmersa en el riesgo.

Imploro señor por los más vulnerables; esos niños que no les han permitido nacer en un país donde las bacterias llevan la delantera, y, por aquellos, que nacidos, llevan en sus frentes estrellas de ilusión, que juegan, disfrutan del circo que les enseñan como vida, y que, paso a paso, de payasos, los van convirtiendo en víctimas o victimarios de la casa de terror.

¡Cuantos crímenes y dolor!, y cuanta inseguridad, que, de enumerar aquí, no terminaría el escrito; y no es que no clame a Dios debidamente, o a Jesús crucificado, es que estamos abocados, a que se arrepintió Jehová de haber creado al hombre, y le dolió en su corazón...

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