¿Por qué? tía querida,
llegando al umbral de la primavera
se apaga como una vela la sonrisa
de tu vida.
¿Me dejas en ascuas, aquí?
Y es que desde tiempos ya lejanos,
me sostenía de tu mano
esperando con los años seas
una mujer feliz;
cruzaste montes y llanos,
uno que otros pantanos
entre sumisa y veloz;
te persiguieron los perros,
las serpientes en asecho,
también el lobo feroz...
Llegando a la plenitud,
tía amada,
hoy te marchas con la brisa
que nos devuelve tu voz;
por fin alcanzas la felicidad
a la diestra de ese padre;
la diestra de nuestro Dios...
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